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martes, 20 de septiembre de 2011

La corta vida de una burbuja


Jorge Mariano 30/08/2011

Nace a través de un improvisado y rápido movimiento, que proviene de la imperiosa fuerza del soplo del aire. A comparación de los humanos la burbuja crece lo que necesita crecer en tan solo unos segundos, y no cambiará de tamaño ni de forma hasta su muerte.
Tras haber nacido, la burbuja flota a través del viento y recorre el camino que éste le indica.
En su interior existe aquella fuerza del aire que alguna vez le dio vida, mezclada con la sustancia espumosa que le da consistencia a su forma.
Ya habiendo recorrido hasta lo más alto que su forma le permite, la burbuja explota y todo aquello que alguna vez la creó, se vuelve una parte más de todo aquello que nos rodea.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El Muerto de Monte Carlo de Gerardo Saldaña

Noche memorable para este señor, se hospeda en un lujoso hotel casino Monte Carlo, parece estar algo aburrido y de repente surge la idea, ¿por qué no apostar mi dinero?, da igual si lo apuesto en un casino de alta sociedad o en acciones, con la crisis como está, capaz que se gana más en el casino que en la bolsa. Retira la modesta cantidad de cincuenta mil euros, para empezar, llega a la mesa, comienza la fiesta.
No se habla de nada más en todo el casino, desde la suite presidencial hasta la cocina se habla de lo mismo, un hombre acaba de desfalcar al banco, ganó un millón de euros, ¿Cómo le hizo? ¿Qué hizo?, los gerentes están encolerizados, los clientes, maravillados, el señor, devastado.
Con un millón de euros en las bolsas del pantalón, la camisa y el saco le pesan demasiado, el señor salta, cae, cae inexorablemente, la gravedad no está de su lado aquella noche, la aceleración gravitacional lo acerca a velocidades alarmantes, se escucha un golpe seco en el patio del casino, mujeres gritan y huyen despavoridas del macabro espectáculo, un hombre con un millón de euros recién ganados al casino se acaba de suicidar saltando de la azotea, doce pisos sobre el suelo, vuelan billetes, otros se quedan pegados a una sustancia rojiza que sale de lugares que no deberían de sangrar en su cuerpo.
Pasa la conmoción inicial y las mentes fantaseosas dicen que lo empujó el mismo crupier con el que estuvo jugando toda la noche, las más analíticas sugieren que estaba borracho y resbaló.
Todos sugieren, indican, suponen, pero nadie sabe qué sucedió. Hay que volver al inicio de los hechos para saber qué sucedió con el hombre del millón de euros que se suicidó del casino el mismo día en que los ganó.
Llega el señor al banco del casino y retira cincuenta mil euros en billetes de cien euros, se dirige a una mesa aleatoria y pide permiso para sentarse, se lo dan, comienza el juego, blackjack, su preferido.
Primera mano, Rey y As, ¡21! Gana quince fichas amarillas, parece ser que son las mejores porque ningún otro jugador las gana, sus compañeros de mesa lo miran recelosos mientras ponderan la posibilidad de retirarse de la mesa.
Al parecer aquella será una noche larga y divertida, tal vez se acerque a aquella modelo despampanante del vestido rojo que comienza a dirigirle miradas de una inocencia cargada de intención. Pide un Martini seco, con rodajas de limón y dos aceitunas, no importa la mezcla. La casa no tiene suerte, el crupier se pasa, todos ganan.
Doble As, duplica, recibe un diez y una Reina, doble 21 Blackjack, ya nadie juega, sólo observa para intentar aprender de quien parece ser un maestro del Blackjack, el señor pide champagne e invita con un gesto amistoso a aquella mujer, brindan con una copa que derrama la más cara champagne que tienen en el casino, primera carta, ocho, pide otra, dos, pide otra, As, tercer 21 Blackjack al hilo, nadie sabe qué hacer o qué pensar, los gerentes no pueden llevárselo por el gentío a su alrededor y el crupier no puede dejarle de dar cartas, si el jugador paga, juega, el señor se está volviendo algo vanidoso, despide con un ademán condescendiente a la muchacha quien se va algo ofendida, ¿qué importa? Al final de la noche podrá tener a la mujer que quiera en todo el hotel.
Ya está cansado el señor y quiere una última mano, una mano memorable, que nadie en ese lugar olvidará, dice la frase de la gloria, o la perdición; ¡all in!, un murmullo ansioso recorre la sala, el crupier suda como vaca en el matadero, los gerentes no sudan, sólo imploran a los dioses que ese hombre no se lleve lo que podría llevarse: un millón de euros en una sola mano.
El crupier entrega las cartas, la casa tiene en suma 15, el señor un dos a la vista, un tres por debajo, la casa pide otra carta, 5, se planta en 20, el señor comienza a pensar si cometió la decisión equivocada, pide otra carta, 3, suma 8, pide otra carta, Joto, 18, no hay otra manera, es o todo o nada, pide otra, el crupier saca la carta, la voltea, As, suman 19, la casa sigue ganando, todo o nada, otra, ya todos saben que el señor acaba de perder su pequeña fortuna, el crupier está algo más relajado, saca la carta, intenta lucirse con un truco pero se le cae la carta de la mesa, la carta se quema pero todos ven que era un 7, un crupier acaba de perder su empleo, saca otra carta confiando en el destino ya no su empleo sino la estabilidad económica del casino, voltea la carta, 2, el señor gana con 21, gritos por todos lados, alegría por doquier, en las entrañas del edificio alguien sentado detrás de una pantalla de vigilancia se retuerce las manos, el señor ha ganado un millón de euros, se dirige con seriedad y dignidad a la caja y pide que le cambien esa montaña de fichas, la cajera no tiene opción, tiene que agregar 45 euros de su cartera pues en su caja no hay dinero suficiente.
El señor sube a su cuarto, todos festejan, las finas damas van a la alberca a nadar y celebrar, los recatados caballeros deciden pedir las mejores bebidas alcohólicas, hoy ha sido una noche para el cajón de los recuerdos.
La fiesta comienza en el suelo, pero en el techo hay un señor que mira el cielo, nadie sabe qué busca, tal vez una estrella, o sólo un poco de aire, pero el señor busca algo que nadie le puede dar, quiere llegar al cielo, un millón de euros en la bolsa no te acercan más al cielo que tener dos rupias, sólo hay una forma de llegar al cielo, y esa forma es, irónicamente, ir hacia abajo a la suficiente velocidad para que la potencia del choque reviente los órganos internos, sólo de esa manera llegará a dónde quiere llegar, sube un pie sobre la barandilla, se impulsa, sube el otro pie, ve al cielo y comienza a dejarse ir, ¡Pero un momento! Ve junto a él a la dama de rojo, para su impulso al vacío y cae en el piso de la azotea, la mujer está mirándolo ya sin el gesto amistoso con el que lo veía en la sala, simplemente lo mira con ojos sin mirada, intenciones ocultas, el señor se para, la va a saludar, el cuerpo esbelto y voluptuoso de la mujer se mueve a una velocidad insospechada, el señor está aprisionado en unos delgados brazos que tienen más fuerzas de las que aparentan, cede un paso, cede otro paso, está muy cerca de la barandilla, más cerca de lo que le gustaría estar, ya no quiere llegar al cielo, sólo piensa en librarse de esa mujer, otro paso, están recargados en el barandal, ya el hombre comienza a orar por su alma aunque nunca fue muy religioso, la mujer para en su avance, lo mira, y entonces sucede.
Fue un beso largo y apasionado, el señor se deja llevar por el momento, comienza a aflojar su cuerpo preparándose para el acto que se ve en el horizonte, ya no ofrece resistencia, la mujer sigue besándolo, de pronto, para el momento de pasión y los brazos que momentos antes lo tocaban con pasión ahora lo empujan con la energía de un toro embravecido, ya no hay qué o quién pueda pararlo, cae, y lo último que ve es un rostro familiar alegre, sonriendo, riendo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

La vida de una burbuja

“Corta vida”
En una mañana soleada, cerca de la costa de un mar michoacano, quiso nacer una burbuja. Dio indicios de su acontecer, o mejor dicho, de su surgir, con unos temblores sublimes y espontáneos, en el fondo arenoso de una zona cuya periferia se delimitaba por coloridos corales amorfos, en medio del agua azul. Bien situado, el lugar elegido, a una profundidad conveniente, no lejos de la llana superficie por la que sólo se divisaba un pescador.
Tomó fuerza del subterráneo, acumulando energías de la materia inerte que se había acomodado perezosamente. Como abriéndose paso entre cada grano de arena, a desconsiderados empujones, salió disparado el cuerpo acuoso contenedor de un vacío pequeño en tamaño y redondo como una bola de billar .luego disminuyó su velocidad, porque a pesar de ser divertido su impulso magistral, era consciente –ella- de no tener dibujada ninguna línea indicadora de larga vida, como las palmas de los ancianos.
Así vagó un rato a través de la leve corriente marina, feliz por haber nacido y por existir. Bailaba alegremente ya cerca del final del trecho entre fondo y superficie, expectante por cómo se iba a sentir, si dolería, si qué, cuando un pez globo decidió (por puro instinto animal y no por voluntad inmoral) pasar exactamente por el mismo sitio donde la burbuja se encontraba en ese preciso instante, y sin verla, con un mínimo contacto, hasta sutil, la sorprendió centímetros antes de descubrir el final.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Anatomía de un espíritu

Caminé por la calle colindante a su casa con la mirada cabizbaja. Nada importaba ya. Lo que alguna vez fue seguro ahora era incierto, y se sentía caminar sobre arenas movedizas. ¡Cuánto habían cambiado las cosas! Quien alguna vez fue alto, moreno, con un semblante sereno y una mirada sincera, ahora era alguien que caminaba sin rastro de seguridad, flaco y con la mirada perdida. -Jamás le dije que la quería- pensó para sus adentros -y la perdí- continuó diciendo. Se repetía para sí mismo "idiota, idiota, idiota" mientras caminaba por el muelle donde dijeron adiós. Si tan sólo hubiera sabido que no la volvería a ver, que no la volvería a tocar, que no la volvería a besar... hubiera hecho las cosas diferente. No se sentiría así. Se hubiera podido ir en paz y no estaría atorada en este enjambre, en este infierno, en esta pesadilla sin ella. Donde el castigo más grande no era verla por la ventana de su casa todas las mañanas y todas las noches mientras ella recogía los pedazos de su vida y los volvía a armar. Tampoco era recostarse junto a ella en su cama y verla dormir, ni seguirla por toda la ciudad todos los días; sino compartir un mundo y nada a la vez, estar con ella sin estarlo. Él estaba con ella, pero ella no sabía que estaba ahí. Ella ya había partido.
-Si tan sólo le hubiera dicho que la quería- pensó. -Te amo- susurró. Un susurro que ni el viento llegó a escuchar.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Anatomía de un espíritu por María M.

Rondando las calles desiertas de noche, llorando y gritando de desesperación, se encuentra un alma en pena, atormentada, deprimida y maniática, que ha tomado un tono pálido, su espíritu no puede brillar, su transparencia es muy notable, su vestimenta primorosa y elegante, su peinado perfecto y sus ojos hinchados le lágrimas.
Atada al mundo terrenal, el alma perdida pena enormemente haber perdido su sentido de dirección. Su pena, su pesar más grande, un defecto muy pequeño que ahora se da cuenta fue el más grande de sus errores…
El alma murió siendo completamente ignorante de la geografía, no le importaba su falta de sentido de dirección, se valía de mapas y precisas instrucciones, de personas y hasta de lazarillos, para ubicarse. Ahora la pobre alma pena mientras busca- sin saber si quiera dónde está- otra alma perdida que le pueda, amablemente, señalar la dirección.

viernes, 19 de agosto de 2011

Preguntas para contestar

¿Para qué crear literatura? Para plasmar todo es que está en nuestras cabezas, esas inquietudes que tenemos para expresarnos en base a una estructura, literatura, que tiene muchas caras que dar y que podemos que adoptar según las habilidades y técnicas.
¿Para qué existir? Para ser parte del testimonio de la humanidad de la humanidad, para ser testigos de nuestra existencia. Para poder preguntarnos el motivo de nuestra existencia.
¿Para qué comer y respirar? Para satisfacer las necesidades básicas de un ser humano y a partir de ellas poder existir y encontrarse un lugar en el mundo.
¿Para qué trabajar? Para aportar algo al mundo que sirva de prueba de la existencia de uno. Para mantener en funcionamiento una economía que rige la vida del hombre. ¿Para qué consumir?
Para satisfacer nuestras necesidades, para apoyar ese modelo consumista que alentamos inconscientemente. ¿Para qué consumir?
Diego Arrazola

¿Para qué crear literatura?
La creación de la literatura tiene varios propósitos; para mí el más fascinante es el simple hecho de disfrutar escribir cualquier pensamiento que tengas, sólo porque te gusta, sin pensar si alguien algún día llegará a leerlo. Quiénes crean literatura por aquella razón y plasman las ideas tal cual las concibieron son quienes logran expresarse, aunque sea para comunicarse únicamente con ello mismos –ya que es probable que nadie más los entienda-, de la manera más pura y directa.
¿Para qué existir?
El propósito de existir no debe recaer en la monotonía de solamente “ser” y “estar”. La existencia, única condena del hombre libre, fue arrojada sobre nosotros para que con ella encontráramos nuestro propósito. Cada quien decide cómo vivir dicha condena; y mientras que para unos debe sufrirse mientras existimos, y así, sin sufrir al no existir, seamos después completamente felices, para otros existimos para vivir de la manera en que se nos antoje durante toda nuestra condena.
¿Para qué comer y respirar?
Comer y respirar mantienen el alma viva. Sí, también son necesidades básicas que mantienen al cuerpo humano. Pero el placer de comer delicias o de respirar perfumes mantiene al alma.
¿Para qué trabajar?
En un mundo utópico trabajaríamos todos y cada uno de nosotros apasionadamente por lo que no nos importara dejar de dormir. Trabajar para mantenernos vivos, sí. Vivos en el sentido en que nuestra ocupación sea aquellos que nos da las ganas de vivir. En un mundo utópico, claro está.
¿Para qué consumir?
Consumir para atarnos a las cosas materiales, para endeudarnos enriqueciendo a otros para valorar todas las cosas equivocadas. ¿Por qué no mejor consumir sentimientos, amistades, momentos, amores, sonrisas, besos…? ¿Por qué no atarnos a todas esas cosas, endeudándonos solamente con aquellos que con lo dicho nos enriquecieron, valorando lo que vale la pena conservar?
¿Para qué crear literatura?
Supongo que esta no es una pregunta que pueda tener sólo una respuesta. Incluso sé que
varía con cada uno. Para mi la literatura es un oportunidad de vivir, de ser, sentir y apasionar
con la seguridad de que nada ahí podrá lastimarme, ni juzgarme, ni criticarme. Estoy a salvo.
Al crear literatura construimos nuestro universo y lo compartimos con otros. Damos un pedazo
de nosotros a los lectores y una oportunidad de escapar de esta realidad, del mundo, así
como me pasa al tomar el escrito, llámese novela, cuento, relato, dramaturgia, poema, de
alguien más.


¿Para qué existir?
La verdad yo no le encuentro ninguna razón. Podría no hacerlo y no habría ningún problema
dado que no habría manera de saber que no existo; de sentirse disgustado, sólo, olvidado,
o cualquier adjetivo que quieran darle.
No tengo respuesta a la pregunta '¿Para qué existir?' pero es algo que espero hallar
aprovechando este 'yo soy' que se me ha concedido.


¿Para qué comer y respirar?
Para no sufrir. Distraernos con algo. El sabor a comida y el sonido que produce el aire al pasar
haciendo vibrar nuestras cabidades nasales. Con el tiempo uno le da ritmo, los dientes masticando.
Inhalar se vuelve el tiempo fuerte del compás y exhalar el término de este. Dulce sabor a melodía,
aveces hay contrapuntos.
Al final todo se reduce a acabar, estar satisfecho, y sufrir mientras esperamos la siguiente comida
dentro de, si tenemos suerte, cuatro horas.


¿Para qué trabajar?
Para tener de comer y algo qué hacer. Entretenernos con algo y, si se puede, volverlo rutina
mientras el paso del tiempo lo vemos en frente sin percatarnos de nosotros mismos.


¿Para qué consumir?
Para motivar la injusticia humana, fomentar que el interés económico de pocos es razón
suficiente para pasar sobre la dignidad de muchos. Y claro, al final, esto hace girar la gran
rueda de la economía y la gente promedio de clase media como nosotros, el gobierno, y
sobre todo, la clase alta que rigen sobre el país, esté feliz.


1.¿Para qué crear literatura?
La verdadera pregunta es: ¿Por qué no? Lo hemos hecho por siglos, dejando al huella de una humanidad efímera en algo tangible, algo que tiene posteridad. Antes de que existiéramos, la literatura ya estaba aquí, y mucho tiempo después de que abandonemos este mundo, seguirá aquí. Porque es la sombra de la humanidad, es su testigo. Testigo de miles de años de acontecimientos y siendo reflejo de una sociedad. La literatura, el mero hecho de pasar una pluma por un papel o de pasar incontables horas enfrente de una computadora escribiendo, es lo que hace de la literatura algo tan único y admirable. Pocos son los valientes que tienen el coraje de transmitir sus emociones al mundo mediante el papel, sin miedo a ninguna crítica. Pocos son aquellos que escriben con gran talento y que cautivan a millones con sus palabras y con sus historias. Pocos son aquellos que pueden escribir un libro y dejar al lector en vela por una noche. ¿Por qué escribimos literatura? Simplemente porque somos humanos. Tenemos la necesidad de conectarnos y comunicarnos. De plasmarnos en un papel.


2. ¿Para qué existir?
Para dejar nuestra huella en el mundo. Para "aportar nuestro granito de arena". Para cumplir un propósito y simplemente para hacer de este mundo un lugar mejor. Para vivir nuestra vida como nos plazca y sacar lo mejor de nosotros. Para encontrar una vocación y compartirla con el mundo. Para crear y ser felices. Para compartir nuestras tristezas y superar obstáculos. Para ser nosotros y dar lo mejor de nosotros mismos. Para ser una guía y una fuente de luz para los demás, alumbrando sus lugares oscuros para que así ellos puedan hacerlo con sus semejantes.


3. ¿Para qué comer y respirar?
Para mí, simplemente por necesidad. Porque sin ello, sin el alimento y el aire no podríamos vivir. Nos perderíamos de un gran regalo; la vida; y no podríamos darle de nuestra persona a nadie. Yo vivo de placeres efímeros y pequeños. Un viaje. Una buena canción. Una carcajada verdadera. Descubrir algo. Leer. Escribir. Cantar. Enseñarle algo a alguien. Sin comer y sin respirar, no tendríamos estos privilegios.


4. ¿Par qué trabajar?
Yo quiero ser independiente. Siempre lo he sido y me rehúso fervientemente a llegar a ser dependiente de alguien ahora o nunca. Por eso trabajar: porque quiero y porque puedo.

jueves, 5 de mayo de 2011

El lado oscuro del corazón, la delegada línea entre fantasía y realidad.


Paulina Beltrán

Hay veces que dentro de nuestra realidad, estamos sumidos en fantasía, otros momentos en que desde la fantasía alcanzamos un realidad. En la película “El lado oscuro del corazón”, encontramos una referencia concreta para esta difusa, hasta inexistente línea entre lo que vivimos y lo que creamos, lo que vivimos como fantasía o creamos como realidad. Lo que vivimos en realidad mientras creamos fantasías.
Desde la primera escena de la película argentina, podemos observar estos contrastes entre fantasía y realidad. Una cama común con una pareja, él recitándole poemas a ella. Una cama que deja caer a uno de los amantes al abismo, cuando el otro presiona un botón.
Digamos que a los latinoamericanos nos gusta entrelazar la magia con la realidad, la fantasía con aquello que nos hace poner los pies en la tierra. Lo vemos generalmente en la literatura, arrojándonos nuestros pensamientos al instante a Cien años de Soledad o algún cuento de Cortázar, sin embargo, en esta película también lo vemos de principio a fin y la línea es tan delgada que se van mezclando realidad con fantasía hasta que ya no es posible distinguir la una sin la otra, en el Buenos Aires de Oliverio al igual que en el Macondo de los Buendía o en las Noches Boca Arriba.
Ahora, digamos que no es sólo a los latinoamericanos a los que nos gusta hacer esta mezcla, ya que podemos reconocer,esta intercalación entre lo que es certero y lo que es imaginación; en las famosas leyendas griegas, en los mitos más antiguos y también en el simple comentario de un pequeño niño. Como Arturo UslárPrieti nos dice en “El cuento venezolano” El realismo mágico es “una adivinación poética o una negación poética de la realidad” Y la poesía es una cualidad intrínseca del ser humano.
Y tomando la poesía retornemos al filme que nos atañe. A través de la imaginación del poeta Oliverio, que es profundo y distante, en esta película podemos experimentar un mundo que existe en medio de la fantasía y la realidad. El ejemplo más claro: Su terminante rechazo a las mujeres que “no pueden volar”. Su amor por Ana que vuela.
Como dijimos, en al primera escena es fácil distinguir entre la realidad y la fantasía, pero a lo largo de la película, como en Pedro Páramo, se vuelve más complicado distinguir aquello que es fantástico de lo que puede considerarse como real. Porque así como es algo heterogéneo al principio, pronto la mezcla se transforma en algo homogéneo donde es imposible separara la fantasía de la realidad.
En el lado oscuro del corazón, posiblemente para Oliverio Ana es mágica, es un sueño, mientras que para Ana, el poeta enamorado es sólo un cliente más, una cotidiana realidad. Y esta también la mujer que constantemente camina con el poeta representando la muerte siempre presente y al asecho.
La poesía es en la película y en la vida, como la perfecta licuadora que acaba con destruir la separación entre lo real y lo fantástico, porque es a través de los versos de Mario Bendetti, Oliverio Girondo o inclusive los de Fito Paéz y Mario Clavel, tejidos hábilmente dentro de la trama de la película por Eliseo Subiela e inclusive el mismo Bendetti ; que el espectador como un simple lector del realismo mágico de Borges, se pierde y se arrulla entre escenas que dejan de ser surrealistas para volverse completamente posibles.
Es la poesía el elemento que separa lo que parece real de lo que parece fantástico. Porque en el mundo y en la poesía esa barrera no se encuentra. A lo mejor no es sólo en las películas o en los libros que nos perdemos entre esa frágil línea de lo existente y nuestras quimeras, sino también en lo cotidiano. A menudo confundimos nuestros deseos, sueños, ilusiones y fantasías con certeza, existencias reales y verídicas. Aunque, ¿A caso nuestras fantasías no son reales? ¿Nuestras realidades no rayan en lo fantástico?
Y es que vivimos en un mundo donde la realidad y la fantasía son normales. Tan normales que como verdaderos opuestos no los puedes separar y no encuentras donde termina uno para darle inicio al otro.

jueves, 10 de marzo de 2011

Por qué soy como…

1. Soy como un ombligo porque generalmente me encuentro en medio de las discusiones, sin tomar partida.
2. Soy como un pan porque también tengo fecha de caducidad.
3. Soy como un botón porque por más redonda y dura que sea también tengo mis agujeros.
4. Soy como un cacahuate porque por más pequeña que sea, te puede ahogar.
5. Soy como un orificio nasal porque los dos tomamos cosas, y sacamos otras.
6. Soy como una papa frita porque las puede comer con cualquier cosa, con cátsup, con una hamburguesa, hasta con refresco, pero siempre necesitan ser un poco saladas.
7. Soy como una palabra porque soy un conjunto de cosas, pero soy más valiosa toda junta.
8. Soy como la defensa de un coche porque puedo resistir golpes, pero llega un punto en que me rompes.

martes, 1 de febrero de 2011

PRIMER LUGAR "CONCURSO DE CUENTO HISTÓRICO" DE LA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA


El Grito de los Silenciados DE GERARDO SALDAÑA

Veracruz, hermoso lugar sin duda alguna, lleno de bosques exóticos que dejan anonadados hasta a los más veteranos exploradores que los vean, con ríos por doquier, ríos caudalosos que pasan por las bellas ciudades de Río Blanco, Santa Rosa y Orizaba. Éstas ciudades, dentro de su hermosura, esconden una turbia y oscura historia, pero esa historia no se cuenta en público, sólo se cuenta entre susurros, en las sombras, se cuenta en las miradas de los viejos que la vivieron pero nadie que valore su vida se atreve a contarla en público, porque nada de lo que sucede en esta historia “sucedió”, nada de ésta historia se publicó en los diarios del país, ninguno de los muertos de la masacre de Río Blanco pasó a engrosar la lista de defunciones del Estado, pero todos ellos son recordados en el silencio, un silencio que lucha por gritar a los cuatro vientos las injusticias cometidas contra la clase de los reprimidos, de los olvidados, la clase de los obreros mexicanos del Porfiriato. Ésta es su historia.

Es el año de 1906, José Neira Gómez llega a la ciudad de Orizaba, admira la siempre colorida y entrañable sierra veracruzana mientras está en el andén de descarga de Ferrocarriles de México, voltea al lado contrario e inmediatamente comprende el por qué del orgullo de los empresarios al hablar de “nuestros complejos industriales”; simplemente la fábrica de Santa Gertrudis, la cual se encontraba a lo lejos y aún así se veía tan cerca, ocupaba más espacio que un pequeño pueblo, eso sin contar los terrenos adyacentes, generalmente cultivos de algodón de un blanco que deslumbraba los ojos como si de un espejo al sol se tratara.
Sin embargo, la mezcla entre los humos exhalados por aquellos monstruos industriales, con el aire fresco proveniente de la sierra daba una extraña sensación de encierro que a Neira le resultó un tanto nostálgica. Tomó el tranvía que se dirigía a los pueblos de Huiloapan, Nogales y Río Blanco, éste último poblado era su objetivo.
José siempre fue un buen empleado, excelente obrero textil, pero su habilidad nunca le dio más recompensa que a cualquier otro trabajador mexicano, siempre cubriendo su jornada de 14 horas para recibir un mísero pago de 75 centavos diarios, el cual se iba en la renta de su cuchitril, al que la empresa llamaba “hogar”, el dinero que restaba terminaba en la tienda de raya, “¡Maldita tienda que nos roba lo poco que nos queda!” escucharía decir José a muchos obreros durante su estancia en el pueblo. José, a pesar de tantos abusos en contra suya y de sus amigos, siempre fue un hombre de interés y servicio social, y ésta conciencia de la realidad que se vivía se vio reflejado en su afiliación al Partido Liberal Mexicano, el partido de las promesas, de las ideas, del cambio, pero siempre silenciado por el poder invencible del gobierno del presidente Díaz.
José se ofreció para ser enviado a Río Blanco para dar informes al Partido acerca del trato que se le daba a los obreros en ésa región de la República, y ésta información la obtendría brindando sus servicios a la Fábrica de Hilados y Tejidos de Río Blanco, la cual estaba a cargo de un inglés de mirada penetrante que vigilaba con ojo de halcón a los 2 300 obreros que trabajaban en su fábrica, su propósito era difundir propaganda política entre los obreros, para comenzar a sembrar la semilla de la rebelión, crear organizaciones clandestinas que rivalizaran con las poderosas empresas que esclavizaban al mexicano pero apoyaban al extranjero, “¿Buen gobierno?, ¡Ja ja!”, así se reían los obreros al escuchar los discursos de los políticos acerca del famoso pero inalcanzable progreso.
Con éste panorama y con éstos propósitos llegó José a laborar, dispuesto a trabajar honorablemente por el día y por la noche conspirar contra su patrón extranjero; así comenzó a cultivarse la semilla de la lucha por la libertad a Río Blanco, por supuesto que nadie sabía de su afiliación liberal y mucho menos de sus ideologías magonistas, por eso fue que Míster Hartington, al ver su informe de actividades anteriores, aceptó gustosamente al que creía sería un obrero que diera grandes dividendos a la empresa pero sería la perdición de ésta.


Llega a su casa, con razón se habla tanto de las condiciones de vida de lo obreros; cuatro paredes de adobe con un techo que amenaza con caerse con la más mínima lluvia, ve hacinados a más de 15 obreros en 7.5 metros cuadrados. “¿Pagamos renta por esta casa de cerdos?” – Se preguntó innumerables veces José al ver su casa – “El Partido tiene tanta razón acerca del capitalismo y su monstruo manufacturero que engendra más esclavos y marginados que prosperidad.”
José despierta, no ha salido el sol, acude a su primer día de trabajo y en el camino alguien se le acerca y lo saluda: -¡Buen día, señor Neira!- dice un hombre que al parecer también acude al mismo lugar. –Buen día señor, ¿Lo conozco acaso?- Obviamente ésta era una cara nueva para José, pero entre ciertos círculos obreros simpatizantes e incluso militantes del PLM ya se tenía la información de que un obrero de nombre José Neira sería enviado por los altos mandos del Partido llegaría a laborar aquél día, - Mi nombre es Porfirio Meneses, servidor – No estaba nada mal que hubiera un compañero tan simpático en aquél pueblo de fábricas que parecía más un feudo de esclavos, pobreza y telas finas en lugar de un ícono de progreso y desarrollo. Juntos acudieron a la fábrica de tejidos y comenzaron a trabajar, José en la sección de Telares, mientras Porfirio se dedicaba a teñir de diferentes colores el amplio inventario textil de la fábrica, aquél primer día no le dio una buena impresión, y es que sucedió la desgracia de una niña inocente que murió entre los telares industriales, una pobre criatura de no más de 11 años que no volvería a casa con sus padres, ése era el precio de la prosperidad y de “las mejores telas de la zona centro del País”, telas teñidas no sólo con Rojo 22 y Amarillo 45, sino con la sangre de obreros que morían entre máquinas inmisericordes que funcionaban sin inmutarse ante las más horrendas desgracias.
Su turno de más de trece horas ha terminado y José desea dormir más que nada en la vida, llega a su colchón viejo, se acuesta y se duerme, sueña con otro mundo, un mundo donde los trabajadores fueran respetados, fueran dueños de sus propias vidas y donde sus muertes no quedaran impunes, y sólo por una noche en ése pueblo, José durmió feliz.
Pasa el tiempo, los días ya no son tan abrumadoramente calientes, las estaciones están cambiando, pero su vida sigue igual; obreros mueren y obreros llegan, aún así la suerte ha sido benévola con él y sus amigos y es que ellos todavía se levantan todos los días, Porfirio y él han recibido órdenes del Partido: propagar la ideología liberal. Pero la empresa es muy dura en el control de obreros y en la detección de propagandas; , aún así decide comenzar una campaña entre las sombras para formar una organización obrera junto con sus amigos y simpatizantes, no solamente platican y discuten acerca de los problemas que aquejan al pueblo, sino que comienzan a organizarse para protegerse, iniciándose así el primer sindicato clandestino de Río Blanco, lo decidieron llamar “Círculo de Obreros”. Los obreros comienzan a enterarse e inmediatamente pasan a engrosar las filas del sindicato, todos ellos han encontrado una manera de llenar, no sus estómagos, pero sus corazones de algo más que la angustia y tensión del trabajo en las fábricas, siempre se reúnen en pequeños grupos, ha iniciado la organización de la defensa de los derechos laborales y humanos, el movimiento obrero ha nacido.

Adolfo Rosal ha llegado de Córdoba, hombre de baja estatura, moreno, algo entrado en años pero de apariencia inofensiva, hombre sociable a quien todos le confiaban sus secretos, ingenuos. Adolfo no es nada más que un espía del Gobierno al servicio de la Compañía, a decir verdad es el mejor espía del general Díaz, y es que el Presidente tiene especial interés en la Compañía no sólo porque atrae gran inversión extranjera sino porque el mismo mandatario es un fuerte accionista que vería su economía muy mermada de haber una revuelta obrera en semejante complejo industrial, desde un principio el buen Rosal informó a los enviados del Gobierno y a Míster Hartington acerca de éstas muy sospechosas reuniones clandestinas, sin contar con el extraño comportamiento de los trabajadores; ahora eran dóciles, demasiado dóciles, parecía como si una extraña calma hubiera invadido al pueblo, algo se está fraguando en la oscuridad, obviamente nadie sospecha del buen hombre hasta que el día planeado. El buen Adolfo obrero desaparece para convertirse en despiadado jefe de policía que dio a conocer una orden general que prohibía toda clase de visitas, reuniones o cónclaves so pena de prisión, aparte muchos miembros del recién formado sindicato son encarcelados y un semanario liberal muy popular entre los obreros fue clausurado. Justo cuando la huelga iba a comenzar, ¡No podían pedirles a los obreros que dejaran morir a sus familias de inanición! – ¡Maldita sea!- piensa José más de una vez en que ve a sus compañeros ser encarcelados e incluso desaparecidos en la más grande impunidad. “¡Por eso México nunca relució! Si nosotros mismos no podemos unirnos, no podremos pelear” era la consigna de Neira y de los obreros de Río Blanco, al menos de esto no se enteró la autoridad, pequeña victoria entre mil derrotas.

“¡Huelga, huelga!” era la consigna de los más de seis mil obreros que en Río Blanco decidieron hacer un paro laboral, apoyados por sus hermanos de Puebla, Tlaxcala e incluso el Distrito Federal en aquél 6 de diciembre de 1906; a pesar de los mandatos oficiales y las órdenes generales los obreros decidieron gritar al mundo que no permitirán más impunidad, más muerte, más esclavitud. José está exultante y los obreros esperanzados.
Tres semanas han pasado y no hay respuesta del gobierno, pero los estómagos de los obreros ya crujen, dos meses después de acabar toda posibilidad de encontrar comida; frutas silvestres del monte, pequeños animales o roedores y raíces han sido sus únicos alimentos, José y Porfirio, en calidad de emisarios del “invencible” movimiento, solicitan, a Díaz, el enemigo explotador de obreros, que investigase las precarias condiciones de vida de los trabajadores. La esperanza resurgió al ser atendida la llamada, pero los la ilusión fue muy lejos al creer que Díaz los apoyaría; envió a un inspector de policía que parecía más estudiante de Medicina que detective, hizo una búsqueda que parecía más visita turística que concluyó en el fallo a favor de Míster Hartington. Él simplemente se rió en las caras de los trabajadores humillados, mientras leía el laudo del presidente Díaz, que ordenaba total e incondicionalmente a los obreros acatar las órdenes de la empresa y uniformiza los salarios, entre otros infames artículos -¡You fools!- Haciendo alarde de su inglés, -Creyeron que iban a quebrar a la Compañía, pero la Compañía los quebró a ustedes-.
Los obreros intentan volver a sus actividades, pero sin comida no hay fuerza y sin fuerza no hay trabajo y, como todos bien sabían, sin trabajo no hay dinero, el trabajo es agotador; el hambre, implacable y enloquece hasta al más cuerdo.
Margarita, mujer humilde pero siempre risueña, trabajadora incansable que sólo quiere ver sonreír a sus 4 hijos, nunca se enoja ni mucho menos reclama.
Le es rechazado su vale en la tienda de raya – “El vale venció hace 5 minutos” – dicen que le dijo el descarado vendedor riendo entre dientes a ella, que sólo pedía comida para su gente y que por respuesta sólo obtuvo una siniestra sonrisa, esa cínica mueca del vendedor rompe algo en su interior, tal vez el hambre y la furia le vencieron, pero Margarita arenga a la masa hambrienta a tomar la tienda de raya. “Hay mexicanos matando mexicanos, mexicanos dejando en el hambre y miseria a más mexicanos” dijo José días después de esa noche trágica, al menos Porfirio le informó a tiempo de los disturbios, los obreros habían incendiado la tienda de raya e iniciaban una campaña de ludismo descontrolado, la respuesta no se hace esperar, es lo que más quería el Gobierno, quien, en previsión de un acto por el estilo ya había acantonado a grandes contingentes de soldados del ejército regular en zonas donadas por la misma Compañía, los cuales nada más ser informados del supuesto “motín” salieron a las calles; no a dialogar, no a capturar liosos, no a someter a los cabecillas, sino a matar indiscriminadamente. Las otrora bellas calles de Río Blanco quedaron manchadas por siempre de la sangre de los oprimidos que alzaron su voz. El color de la sangre se quitó de las losas de la calle pero no de las memorias y corazones de los testigos, víctimas y verdugos; aún no se sabe cuánta gente murió en aquél arrebato, pero supera los cientos y se estimó que se llegó a los miles, pero nunca se sabrá con certeza porque los cuerpos al ser recogidos fueron inmediatamente embarcados en vagones de tren y enviados a Veracruz, donde fueron lanzados al mar; sin sepultura, sin memorial, sin familiares, sin lágrimas, con el mar como único testigo mudo del asesinato más impune de la era porfiriana: el asesinato de la libertad.
José sobrevivió, pero su lucha por la igualdad murió con sus compañeros, de ahora en adelante viviría trabajando para la empresa que intentó destruir, al final se convirtió en el esclavo del Sistema que quiso vencer, el creyó que nunca más se recordaría su hazaña.
Pero pronto eso habría de cambiar, la gente recordaría su movimiento, los hombres se indignarían por el abuso, la esclavitud y la opresión de los obreros, de las cenizas del movimiento de Río Blanco surgiría una llama incandescente que nadie podría parar: la llama de la Revolución.

martes, 9 de noviembre de 2010

Página Marcada


La extrañaba, mucho. Cuando acabé de empacar sus cosas sentía una nostalgia impresionante, no sólo por ella, su pelo, sus negros ojos, sus carnosos labios, sus suaves manos y su agradable cintura, sino también por sus cosas. Los maquillajes que eran muchos y nunca usaba, la copa en la que aún se notaban sus huellas, las muñecas de trapo que cuidó desde su infancia, sus roídos guantes con los que me acariciaba, toda esa ropa que todavía olía a ella, y esos libros. Si no hubiera decidido quedarme con sus libros nunca lo habría notado. En mi viudez ya ni siquiera valía la pena saberlo.
Guardé únicamente esos viejos libros, después de años de apego sentimental doné todo lo demás a la beneficencia. Ni siquiera sé porque me quede con ellos. Yo no leo. Cuando vi mi casa vacía y sentí su presencia y olor desparecer, abrí su libro favorito, era uno sencillo repleto de cuentos de tradición oral escandinava. Leí uno de los cuentos, lindo, simple. Después me di cuenta que había un fino papel marcando una de las páginas que hacía mucho no eran leídas.
Era una fotografía. Tardé en entenderlo y cuando lo hice rompí en llanto, se acabó la melancolía, se fundió mi nostalgia, reventó la tristeza y explotó en algo más grande. Pero seguían ahí, no sé, aún la extraño, mucho pero la odio, odio su recuerdo, odio esa foto, ella, casada conmigo, besando a mi hermano, Miguel.